Decálogo de sustanciosas e interesantes reflexiones sobre cómo, dónde, cuándo y por qué disfrutar de una copa de buen vino:
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El vino es una bebida para adultos sanos, absolutamente incompatible para las mujeres en estado de gestación y los lactantes, así como para los inmoderados.
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El vino es sano solamente cuando es bebido con moderación, es decir, con respeto, educación, cultura e inteligencia, lo cual permite disfrutarlo con los cinco sentidos. |
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Los mayores encantos del vino están en sus matices cromáticos y en sus aromas, ni beber mucho ni beber deprisa aumentan el placer, sino todo lo contrario. |
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Beber vino moderadamente es sano, e incluso recomendable, y causa placer, beberlo despacio aumenta ese tiempo de placer y el placer mismo. |
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No beba nunca vino en ayunas, el vino está hecho para acompañar a otros alimentos y no como un objetivo por sí mismo. |
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Armonizar vino con alimentos, así como vino con oportunidades es un arte. |
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Con el fin de marginar definitivamente el abuso del vino y para alcanzar consumos moderados y razonables, es necesario que el conocimiento del vino sea transmitido desde el entorno familiar, en el que los mediterráneos lo hemos bebido durante miles de años, formando parte esencial de nuestra dieta. |
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Las familias, y en general los mayores que conocen el vino deben erigirse en su principal vehículo de divulgación y en indiscutible ejemplo de moderación. |
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Es preferible no beber vino solo, el vino es una bebida convivencial y ha de ser compartido. Finalmente añadir que, en la cultura mediterránea, el vino está incorporado a la vida cotidiana. Se consume principalmente en casa, junto a la comidas, y en familia. Alrededor del vino se entablan las grandes conversaciones, que probablemente serían menos elevadas si nos faltara el vino. Alrededor del vino celebramos nuestras alegrías y mitigamos nuestras tristezas. Sin vino no hay una buena comida, y quizás "la comida no es más que una excusa para beber un buen vino". |
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