Con los ojos, el catador analizará primero la limpidez del vino. Es de primordial importancia en los diversos estados de desarrollo de todos los vinos, desde la fermentación hasta el embotellado. Generalmente, un hermoso color límpido es indicativo de un vino selecto, en tanto que un vino ordinario y mezclado suele ofrecer un aspecto mortecino y carente de brillo. Por otra parte, la falta de limpidez de un vino, su opalescencia o turbidez, como la formación de depósitos, es signo inconfundible de problemas de inestabilidad físico - química o biológica.
Hay que diferenciar un vino turbio (mala señal) de los vinos que poseen depósito o sedimento, consecuencia de no haber sido pasados por frío (señal de elaboración cuidada).
A continuación podemos ver diferentes características asociadas a la transparencia y limpidez:
| Cristalino: |
Aspecto perfecto. Brillo de cristal.
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| Brillante: |
Límpido. Al ser atravesado por la luz ofrece brillos
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| Limpio: |
No visualiza sustancias suspendidas o precipitadas, aunque no brilla.
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| Claro: |
Ligero residuo en suspensión, procedente del corcho o agentes filtrantes.
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| Opalescente: |
Velado, con reflejos irisados.
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| Ligeramente turbio: |
Sustancias precipitadas fácilmente observables.
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| Turbio: |
Considerable cantidad de material precipitado.
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